Humberto Chaves Cuervo - In memoriam

AÑO CHAVES: un tiempo para celebrar la vida y obra de un artista: Humberto Chaves - Pintor

Terraza del Morro - Óleo de Humberto Chaves años cuarenta - Vista del Club Campestre.

 

 

 

 

El maestro Humberto Chaves Cuervo nació, vivió y murió en la ciudad de Medellín, y por esto habitó la ciudad en distintos lugares, de los cuales el más estimado por él fue su casa llamada El Morro, donde vivió en los años cuarenta y desde donde pintó la ciudad verde y amable que tenía a sus pies.

El sitio que ocupó esta propiedad está actualmente urbanizada y se le conoce como La Colinita, en el sector de Guayabal al sur de la ciudad.

Como parte del Proyecto Humberto Chaves Cuervo - Pintor estamos recopilando testimonios de aspectos que nos muestren al artista en su faceta más íntima y familiar, que esperamos compartir a través de esta página.

¿Por qué el abuelo había escogido un lugar con tantas dificultades, privilegiándolo al Poblado y otros sitios de Medellín?

Siempre fue una pregunta que le hicimos al abuelo y siempre la respuesta fue la misma: la vista.

Desde la terraza de la gran casona se tenía una vista preciosa del norte del Valle del Aburrá, con El Poblado y sus lomas al frente, el sector de Envigado, Itagúí y aún, parte de Sabaneta.

"Para él ese espectáculo de un valle abriéndose a sus pies era más importante que la ubicación, el futuro promisorio de otros sitios como Envigado y El Poblado. Y fiel a su escogencia, fue plasmando la belleza del paisaje en sus cuadros y un buen número de Fotografías" ( (Mariela Lopera Chaves)

Contenido

  1.  Recuerdos de El Morro por Mariela Lopera Chaves

  2.  Papalotes por Mariela Lopera Chaves.

 

 

1.  Nuestra familia en El Morro

Era Luis Enrique un bebé cuando llegamos a vivir en El Morro, la finca de Papeto en Guayabal... Por esos días, la carretera Guayabal-Medellín era realmente la "autopista sur" pues no existía otra vía de comunicación con el centro y sur del país.

Mamá era completamente citadina y su contacto con el campo eran los períodos de vacaciones de fin de año.

Ignacio Lopera Montaño y Marta Chaves Villa en la calle Junín - Medellín

 

 

Papá era un hombre "acomodado", tenía su casa de habitación, otras viviendas de alquiles y algunos lotes, y cómo no, ese carro Studebeker que tanto hacía sufrir a mamá.

Lastimosamente, papá era jugador profesional y fue perdiéndolo todo, hast el punto de quedar en riesgo la casa familiar.

Para mamá, la vida en la ciudad tenía muchos alicientes, estaba montando una empresa de confección infantil y todo parecía marcha sobre ruedas.

Eran los días de la violencia mas cruda, sin embargo la familia permaneció en El Morro.

 

 

Aunque no fue su elección, aceptó el ofrecimiento de ir a vivir a una finca muy primitiva y con muchas dificultades, especialmente porque el agua debía ser transportada desde una buena distancia, y por la seguridad, ya que la finca estaba flanqueada de un lado, con el naciente caserío de Guayabal que albergaba gentes muy primarias y poco respetuosas de lo ajeno, y del otro, por el barrio de los desamparados, sitio al que llegaban por cientos desplazados del suroeste antioqueño en días de conflictos muy crudos entre "pájaros" y los "bandoleros"... Historia de Colombia repetida década tras década con actores y nombres diferentes hasta nuestros días.

No obstante para ella y para todos, la vida en El Morro fue placentera, ella supo superar las dificultades y todos crecimos en un ambiente sano, y benéfico para toda la familia. En sus propias palabras, mamá fue feliz en la finca del abuelo porque rescató totalmente a papá, lograron pagar todas las deudas y jamás volvió a hablarse de juego en la casa, de ahí esa aversión profunda de mamá hacia cualquier tipo de juego, algo que nos marcó especialmente a la niña Ceci y a mí.

La finca del abuelo tenía 13 cuadras,según los tíos, era una loma suave desde la meseta contigua al aeropuerto Olaya Herrera. Hacia la mitad de la propiedad, el abuelo aplanó una gran superficie sobre la que levantó una casona de techos muy altos, rodeada de corredores con una terraza que dominaba una panorámica muy amplia. Tanto el diseño de la casa como la dirección de la obra estuvieron a su cargo. Igualmente, con sus propias manos fue plantando una arboleda importante ya que el terreno sólo tenía guayabos dispersos. Los pomos flanqueaban los linderos de la finca, en el interior crecieron naranjos, limoneros, un árbol de chirimoyas nos saludaba al llegar a casa y a los lados, mandarinos y nísperos crecían amablemente, sin olvidar los mangos que estaban en todo el terreno. 

La casa era una construcción en L, bordeada de amplios corredores, tenía cuatro alcobas en galería y dos más sobre la terraza. La cocina era un lugar adosado a la casa, pero no comunicada diractamente con ella lo que significaba un trabajo doble para mamá. El piso de ladrillos rojos siempre brillantes gracias al cuidado de mamá, y unos alrededores que debían ser cuidados permanentemente.

Aunque la niña Ceci recuerda más flores, eran pocos los jardines, especialmente por la falta de agua y la aridez del terreno. En los corredores colgaban orquídeas "cucarronas" que florecían una vez al año. A un costado de la casa una hilera de lirios blancos, semejantes a azucenas hacía corte con el resto de la finca y al frente unos gladiolos. No recuerdo más flores, valdría la pena preguntarles a Enrique y Ceci.

Fin de "Nuestra familia en El Morro"